Xarcuteria Torres Vila

¿Se puede rastrear un jamón con blockchain? Claro que sí, y te explicamos cómo desde la charcutería

¿Se puede rastrear un jamón con blockchain? Claro que sí, y te explicamos cómo desde la charcutería

Puede que parezca cosa de ciencia ficción, pero te aseguramos que no lo es. En estos últimos años, mientras seguimos cortando jamón cada día aquí en la charcutería, el mundo ha cambiado mucho. Y el jamón también.

Hoy en día, tecnologías como blockchain, big data —o como nos gusta decir a algunos, «pig data»— e inteligencia artificial están entrando poco a poco en el mundo de los embutidos y, sobre todo, del jamón ibérico.

¿Y sabes qué? No es por moda. Es porque hay un problema serio que resolver: el fraude alimentario. Y en una charcutería como la nuestra, donde nos importa la confianza que tenemos con cada cliente, ese tema nos toca muy de cerca.

Así que hoy te queremos contar cómo funciona todo esto de la trazabilidad tecnológica, qué ventajas tiene para ti como consumidor, y cómo podría aplicarse en el futuro a nuestras bandejas, pedidos y productos.

Porque cuando hablamos de jamón, hablamos de verdad. Y para nosotros, esa verdad debe poder demostrarse.

¿Por qué hablar de tecnología cuando lo que importa es el sabor?

Es una buena pregunta. Al fin y al cabo, el jamón entra por el gusto, por el olfato, por la vista. Pero ¿qué pasa cuando hay productos que no son lo que dicen ser?

Por desgracia, en los últimos años ha habido casos de jamones etiquetados como “bellota” que en realidad eran de cebo, o productos presentados como “100 % ibéricos” que no lo eran.

Todo esto ha hecho que muchos clientes vengan a la charcutería con más preguntas que antes. Y hacen bien. Porque el precio de un buen jamón es justo cuando lo que estás comprando está a la altura.

Por eso, la tecnología no viene a quitarle el alma al jamón, sino todo lo contrario: a protegerla. Cuanta más información fiable tengamos sobre el origen, la alimentación, la curación y el recorrido de cada pieza, más confianza podemos tener al comprarla. Y si esa información está registrada de forma que nadie la pueda manipular, mejor todavía.

Trazabilidad distribuida: ¿qué significa eso y para qué sirve?

Aquí es donde entra el famoso blockchain. No te preocupes, no necesitas ser informático para entenderlo. Imagina que cada paso que da un cerdo desde que nace hasta que su jamón llega a tu plato se va apuntando en un cuaderno digital.

Ese cuaderno no lo guarda una sola persona, sino muchas. Y nadie puede borrar ni cambiar lo que se ha escrito. Eso es, en pocas palabras, trazabilidad distribuida.

Gracias a esta tecnología, se pueden registrar datos sobre la granja de origen, la genética del animal, su alimentación, los controles veterinarios, el momento del sacrificio, el inicio de la curación, los análisis de calidad, el lote y el etiquetado final.

Todo queda vinculado. Y una vez escrito, no se puede falsear. Esto garantiza la integridad de los datos y permite auditar la cadena de suministro completa.

En un mundo donde las etiquetas pueden parecer todas iguales, esta trazabilidad ofrece algo que no se puede falsificar: una historia real detrás de cada jamón. Y eso, para una charcutería que se toma en serio lo que ofrece, es oro puro.

Pig data: el big data del jamón

El siguiente paso va más allá del registro. Hablamos de capturar datos en tiempo real. Sí, como lo oyes. Hoy en día hay granjas que monitorizan lo que comen los cerdos, cuánto se mueven, cómo evoluciona su peso, su salud digestiva, hasta su nivel de actividad.

Todos esos datos se almacenan en sistemas de big data que luego se cruzan con los datos del secadero, de los análisis, de los lotes. A eso se le empieza a llamar, con humor y precisión, pig data.

¿Y para qué sirve todo eso? Para asegurarse de que un cerdo que se presenta como de bellota realmente ha pastado en la dehesa y ha comido bellotas.

Para comprobar que el jamón que lleva 36 meses curado ha pasado por ese tiempo y no menos. Y para que, cuando te llevas una pieza o un sobre a casa, puedas tener garantías reales de lo que hay detrás.

En nuestra charcutería siempre decimos que una loncha de jamón debe tener sabor, pero también historia. Y si esa historia se puede verificar con datos, mejor aún.

¿Y esto cómo me afecta a mí como cliente?

Te afecta más de lo que parece. Sobre todo si sueles comprar jamón online o si valoras la transparencia en lo que consumes.

Cuando una marca o tienda puede mostrarte de forma clara de dónde viene el producto, cómo ha sido tratado y por qué vale lo que vale, tú decides con más confianza. Y esa confianza, en el mundo del jamón, es clave.

Ya no se trata solo de que te digamos «esto es bueno, créenos». Se trata de que puedas ver por ti mismo de dónde viene esa pieza, qué alimentación tuvo el animal, qué tipo de brida lleva y en qué fecha comenzó su curación.

Esas cosas que antes solo quedaban en manos del productor, hoy pueden estar también al alcance del cliente.

Por ejemplo, en el contexto de una tienda online, una buena ficha de producto puede incluir un código QR que te lleve a una plataforma donde ves toda esa trazabilidad. Nada de explicaciones vagas.

Datos concretos, fáciles de entender y verificados. Así, cuando compras jamón en una charcutería, no solo eliges por intuición, también eliges con información.

¿Qué debería mostrar una ficha de producto completa?

Si estás mirando un jamón en internet o incluso en tienda, y ves una ficha que no te dice casi nada, desconfía. Hoy, con la tecnología que hay, una ficha bien hecha puede darte datos muy valiosos.

Como por ejemplo, el origen geográfico del cerdo: si viene de Extremadura, de Salamanca, de Huelva. También debería indicarte el tipo de alimentación (cebo, cebo de campo, bellota), el porcentaje de raza ibérica, la fecha de inicio de la curación, el número de lote, el tipo de brida que lleva (blanca, verde, roja o negra), y si hay algún tipo de certificación o control externo.

Todo esto no es solo para rellenar. Es información que te permite comparar con criterio, entender lo que estás comprando y valorar si el precio se ajusta a la calidad.

Y si tienes un e-commerce o vendes productos ibéricos en otros canales, mostrar todo esto puede ser el argumento de compra que te diferencia del resto.

¿Cómo aplicarlo en Torres Vila? Lo que ya estamos imaginando

Sabemos que en una charcutería como la nuestra la tradición pesa mucho, pero también sabemos adaptarnos. Y este tipo de avances no nos asustan. Al contrario. Ya hemos empezado a pensar en cómo podríamos aplicar esto de forma útil y sencilla para nuestros clientes.

Por ejemplo, imaginamos un sistema de etiquetas QR internas que incluyamos en las bandejas de catering o en los pedidos para llevar. De esta forma, si encargas una tabla de ibéricos, puedes escanear el código y ver de forma visual qué jamón estás comiendo, de qué finca viene, cuántos meses de curación tiene y con qué brida fue clasificado.

Sin tecnicismos. Sin complicaciones. Como lo explicamos aquí en el mostrador, pero en versión digital.

También podríamos implementar fichas más detalladas en nuestra tienda online, con acceso a trazabilidad verificada. Y en la propia tienda, incluir carteles informativos o pequeños paneles junto a los jamones que expliquen qué datos puedes consultar. Todo con el objetivo de que la confianza que tenemos cara a cara también se extienda al mundo digital.

La idea no es abrumarte con tecnología, sino usarla para darte más tranquilidad. Para que cuando compres jamón en tu charcutería de siempre, sepas que detrás de cada loncha hay un trabajo riguroso, transparente y honesto.

La tecnología puede ayudarnos a cuidar lo más importante

No se trata de convertir la experiencia de comer jamón en un informe técnico. Se trata de aprovechar lo que la tecnología nos ofrece para reforzar algo que siempre ha sido esencial en este oficio: la confianza.

En nuestra charcutería no queremos que nadie compre a ciegas. Queremos que cada cliente sienta que tiene toda la información que necesita para elegir bien. Y si esa información puede llegarle de forma sencilla, a través de una etiqueta, un QR o una conversación como esta, entonces estaremos dando un paso más en la dirección correcta.

Porque el jamón, cuando es auténtico, habla por sí solo. Pero si además podemos contar su historia con datos fiables, mejor que mejor.

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